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Capítulo 1


Encerrado

No estaba muy seguro de cómo había llegado a aquella situación, pero me debatía entre la vida y la muerte. Estaba acostumbrado a esos ámbitos, muertos rodeándome, gimiendo y golpeando con fuerza las paredes que se interponían entre mí y los monstruos, pero siempre había una salida. Ahora no había ninguna. Pensé que si moría podría volver a verla a ella y a mis padres, pero no vería jamás a mi hijo. Y además morir a manos de los No Muertos no me hacía ni pizca de gracia. Preferiría suicidarme ante con el revólver,  que sufrir una lenta agonía, mientras los cadáveres saboreaban mis huesos y se comían mis intestinos. ¡Qué asco!


Estaba sentado, a oscuras en aquella estancia, rodeado por una insufrible humedad, el miedo me encogía el corazón y parecía que iba a pararse de un momento a otro. Todo ello no era ni más ni menos que un miedo terrible hacia aquellas criaturas que estaban al otro lado de la estancia, tal vez oliéndome y saboreando el codiciado bocado. Por suerte, aún no me habían localizado, pero yo sabía que me intuían y que yo era su presa. 

Sólo se oían las pisadas de las criaturas andando lentamente, con sus andares pegajosos y sobre todo, se percibía una avalancha de gemidos crispados, que parecían provenir de las profundidades del infierno. Noté cómo la nariz me picaba, sabía que iba a estornudar irremediablemente (¡Horror!), me tapé la boca con la mano, -congelada como un copo de nieve-, para no atraer a las criaturas, pero fue en vano: estornudé y fue  como un ruido atronador en el más absoluto silencio. Entonces, todo quedó en silencio, las pisadas pararon y los gemidos eran aún más fuertes. Reiniciaron los pegajosos pasos. ¡Dios mío!, No quería estar allí, suponía que me quedaba poco tiempo de vida y ya no podía disfrutarlo.

Cogí el revólver del frío suelo, lo levanté y lo posé en mi sien como quien espera el último minuto de vida. Se me escapó una lágrima, no sé por qué: ¿fruto del miedo?, ¿temor al suicidio?, ¿desolación por no ver a mi hijo?  o ¿triste alegría, por ver a mis seres queridos?..... no sé. Cargué el revolver niquelado con cañón de seis pulgadas. Vi cómo  mi fin estaba cada vez más cerca. De repente, los cadáveres empezaron a golpear la puerta y tenía la sensación de que iba a caerse enseguida. Apreté con fuerza el revólver. Dicen que la vida pasa en un segundo antes de morir, pero a mí, no me ocurrió eso, y vi las cosas más horrorosas que me habían sucedido últimamente:  un cadáver llevándose a mi esposa o la muerte de mi familia y de todos mis amigos. Entonces, una voz me sacó de ese trance. Se mezcló entre los susurros horrendos de los No Muertos. Era una voz grave, que parecía haber tragado mucho alcohol y haber fumado mucho. No sé por qué, pero esa voz me resultó familiar.
Los porrazos cesaron y entonces escuché otros golpes. Se oyeron cuerpos huecos cayendo al suelo. Un silencio atroz y horroroso se impuso. Pensé en lo que podría estar pasando fuera. ¿Habría alguien destrozando  cráneos de criaturas?.....

Dejé el arma en el suelo y me levanté rápidamente. Pensé que iba a sacarme de allí y salvarme. Me levanté a duras penas, y me acerqué a la puerta metálica, los zombis habían dejado de golpear la puerta e iban a por su presa, el desconocido que había venido en mi ayuda.
Puse la oreja en la puerta, quería oír lo que estaba pasando en la habitación contigua. Todo estaba en un silencio sepulcral. Entonces, escuché el silbido de un hacha, algo cayó al suelo. ¿Qué estaría pasando fuera? ¿Habría muerto el hombre? ¿Habría sobrevivido?
Me preparé para otro hachazo más, pero todo siguió en calma. De repente, se oyó el pestillo. Me temí lo peor, los zombis habían abierto la puerta, no sé cómo, pero no me lo podía creer. Retrasé mi posición y mi senté en el suelo, me acurruqué con las rodillas dobladas y con la cabeza dentro de ellas.
Entonces, el hombre habría muerto, y yo también lo haría. Se me pusieron los pelos como escarpias de la tensión acumulada y sobretodo de un miedo producido porque iba a morir.
El pomo de la puerta metálica se giró suavemente, chirrió la puerta y entonces la luz que provenía de la habitación contigua me cegó, no pude ver más que la figura que se erguía frente a mí.
Me temía lo peor...

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1 comentarios:

Marcos Barberán dijo...

Hola,

Por supuesto, ya está hecho.

Me ha gustado el comienzo y, particularmente, cómo has acabado el primer capítulo. Seguiré leyendo para poder ofrecerte una crítica más constructiva luego ;)

Si hay algo en lo que te pueda ayudar, me avisas.

Saludo!

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