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Capítulo 9


El juego prohibido


El hombre decía algunas palabras en ruso, no entendí nada, pero por su tono estaba llamando al vigilante. Los pasos se acercaban a la habitación, tras unos segundos una sombra apareció en la puerta y después lo hizo aquel hombre.
Contempló la habitación y vio el cadáver de su compañero. Se acercó a él y aceptó que estaba muerto.
Ahora, miró las sillas, allí estaba yo, sentado, mirándolo. Se levantó y se acercó a mí.
- ¿Quién hacer esto? - me preguntó.
No le respondí, volvió a lanzarme la misma pregunta. Agarré la navaja a mi espalda, preparado para volver a asesinar a otro ruso. Esperé a que se acercase.
El hombre sacó una navaja y la posó en mi cuello.
- ¿¡Quién!?
- Yo...
Alcé el brazo rápidamente y sin pensarlo, la navaja le atravesó la barriga, la sangre de aquel ruso se derramó en mis manos cómo un líquido que sale de una máquina tras apretar un botón, pero yo no lo apretaba, yo le desgarraba las tripas con la faca.
El ruso palideció y un fluido rojo emergió de su boca. Gimió durante unos segundos y cayó al suelo.
Me levanté y recogí la navaja ensangrentada. Contemplé el rostro de aquel ruso, miraba a un punto fijo, parecía muerto, pero respiraba débilmente.
- Ellos... - dijo el ruso, frágil - matarte...
Respiró por última vez, su boca se cerró, sus ojos quedaron vacíos, su piel pálida y su boca dejó de emitir sangre, todo su cuerpo quedó paralizado. Había muerto.
Empecé a andar por el pasillo y cada vez oía más de cerca las conversaciones en ruso que mantenían mis próximas víctimas.
"Por ti Fred... Por ti..."
Comencé a bajar las escaleras y empuñé la pequeña arma con fuerza.
"Tengo que matar... no te tengo miedo... no..."
Al bajar vislumbré una mesa, allí estaban comiendo, se estaban comiendo a Fred, sus huesos, sus órganos, saboreaban su sangre, cómo zombis humanos. Eran caníbales. Eran peligrosos. Podían matarme y después se alimentarían de mi cómo a Fred. No, eso no pasaría. Les pasaría a ellos.
"Venga Jason... venga..."
Devoraban con ansia la comida, cómo si no hubieran comido en varias semanas. Tenían hambre. Mucha.
En ese momento yo tenía hambre de venganza. Iban a morir. Pero, mi amigo el ruso tendría que jugar a un juego antes de morir. Sería mortal para él, lento y doloroso: "El juego prohibido".
Pero ahora, tenía que pensar rápido para asesinar a dos de los rusos y atrapar a mi preciado alimento de la venganza. Si no se darían cuenta de que el otro ruso no iba a volver.
Pero, ¿cómo lo haría? Sólo tenía una arma, la navaja, ellos debían de tener más que yo, y si atacaba me iban a derrotar en seguida. Debía de hacer algo que distrajera a los dos guardias para que me quedará a solas con el ruso y pudiéramos jugar a un juego.
De repente, sentí que algo me tocaba el hombro, estaba fría, cómo la de un muerto. Me habían cogido ahora si iba a morir. Me giré y vislumbré el rostro de aquel ruso, el soviético que había matado minutos antes. Pero, ¿cómo era posible que estuviese vivo?
Entonces, lo comprendí todo, no estaba vivo, estaba muerto, era uno más de ellos. Era un No Muerto.


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1 comentarios:

juanmanuel dijo...

Hola, ya hace tiempo que te tengo anunciado. Un saludo.

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